Gospel Reflection

SECOND SUNDAY OF ADVENT (DECEMBER 8)

Is 11:1-10   Ps 72:1-2. 7-8. 12-13. 17   Rom 15:4-9   Mt 3:1-12

 

Conversion is not merely an act of will by which we decide to change. The conversion which John the Baptist proclaims is not sufficient. Conversion is a change of mentality that affects our manner of thinking and acting. This new state is brought about by the grace of Christ, that is, by “the Holy Spirit and fire.” But this can only take place when the human being responds positively to the inspiration of the Holy Spirit who blows where and when he wills. Grace moves us, impells us, in different ways and through multiple roads, in the direction of our constant conversion and interior renewal. This is because grace is life that can only circulate fresh throughout our being. Divine grace acts in the human being but not without the human being, winnowing continuously the threshing floor and gathering the grain into the barn while burning the chaff of egoism. What is the meaning of this “winnowing,” of this conversion? The announcement of the prophet Isaiah provides the response: “prepare the way of the Lord, make straight his paths.” This means to prepare the way of the plenitude of our filial consciousness with the Father, lived with Christ in the Holy Spirit. If the announcement of the prophet did not refer to our participation in the filial consciousness of Christ that Christ himself gives to us by means of his redemption, What meaning would the coming of Christ have? Christ comes to the world in order to give to us his own filial consciousness; for this, he teaches us to say “Our Father” (Mt 6:9), “Your Father” (Mt 6:4f.). How can we prepare the way of this marvelous filiation, of this plenitude of sons of the Father with Christ and in the Holy Spirit? The answer is by removing the obstacles of our egoisms and filling in the potholes of our moral incontinence: of our pride with humility, of avarice with generosity, of promiscuity with chastity, of anger with patience, of gluttony with temperance, of jealousy with charity, of sloth with diligence.

 

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (DECIEMBRE 8)

Is 11:1-10   Ps 72:1-2. 7-8. 12-13. 17   Rom 15:4-9   Mt 3:1-12

 

La conversión no es sólo un acto voluntarioso por el que decidimos cambiar. No es suficiente la conversión que proclama Juan el Bautista. La conversión es, más bien, un cambio de mentalidad que afecta a nuestra forma de pensar y de actuar. Este nuevo estado es verificado por la gracia de Cristo, esto es, por “el Espíritu Santo y el fuego”. Pero esta verificación sólo se realiza cuando el ser humano responde positivamente a las mociones del Espíritu Santo que sopla donde y cuando quiere. La gracia nos mueve, nos impulsa, de diversas formas y por múltiples caminos, a nuestra constante conversión y renovación interior porque la gracia es vida que sólo puede circular fresca por todo nuestro ser. La gracia divina actúa en el ser humano no sin el ser humano, aventando de continuo la parva donde se mezcla lo bueno y lo malo, esto es, haciéndose con el trigo del amor y quemando la paja del egoísmo. ¿Qué significado tiene este “aventar”, esta conversión? El anuncio del profeta Isaías es la respuesta: “preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”; esto es, preparar el camino de la plenitud de vuestra conciencia filial con el Padre, convivida con Cristo en el Espíritu Santo. Si el anuncio del profeta Isaías no se refiriera a nuestra participación en la conciencia filial de Cristo que el mismo Cristo nos otorga por medio de la redención, ¿qué significado tendría, entonces, la venida de Cristo? Cristo viene al mundo para otorgarnos su propia conciencia filial; por eso, nos enseña a decir “Padre nuestro” (Mt 6,9) “tu Padre” (Mt 6,4.6.18) ¿Cómo preparar el camino de esta entrañable filiación, de esta plenitud de hijos del Padre con Cristo y en el Espíritu Santo? Quitando los obstáculos de nuestros egoísmos y allanando los baches de nuestras incontinencias morales: el bache de la soberbia con la herramienta de la humildad, el de la avaricia con la herramienta de la generosidad, la lujuria con la castidad, la ira con la paciencia, la gula con la templanza, la envidia con la caridad, la pereza con la diligencia.